Contexto Histórico
Construido en 1959 por iniciativa del padre Efraín Jiménez, se concibió inicialmente como un acceso al cementerio de los pobres, un espacio destinado a las personas sin recursos para adquirir una sepultura en el cementerio principal. Este arco simbolizó por años el último umbral hacia el descanso eterno de los más humildes. Sin embargo, con el tiempo, el cementerio fue desplazado y el arco quedó como un vestigio del pasado, adquiriendo otros significados en la memoria de los yarumaleños. A lo largo de los años, el arco fue también un punto de referencia emocional, al estar cerca de un parque de diversiones para niños. Aunque actualmente es conocido como el Arco de los Dominios del Niño, mantiene su asociación con la fragilidad de la vida y la memoria de quienes fueron enterrados allí.

Valor Estético
La puerta del antiguo cementerio, también conocido como Arco de los dominios del Niño, se caracteriza por su diseño sobrio y simbólico. Construido en 1959 bajo la dirección del padre Efraín Jiménez, combina columnas de ladrillo con un techo metálico adornado con finos acabados. Este diseño otorga al arco una estética solemne que logra embellecer el entorno a la vez que honra su conexión con el rito de la muerte. Su ubicación en los límites del casco urbano lo resalta como un elemento distintivo del paisaje yarumaleño.

Valor Histórico
El arco es un vestigio significativo de la historia social de Yarumal. Originalmente vinculado al antiguo cementerio de los pobres, rememora las desigualdades sociales de mediados del siglo XX. Es testimonio de las prácticas funerarias y de las dinámicas sociales de una época en la que los menos privilegiados encontraban en este espacio un lugar para el descanso final. A lo largo del tiempo, su función original fue desplazada, pero permanece como un recordatorio tangible de esa etapa histórica.

Valor Simbólico
El arco simboliza la transición entre la vida y la muerte. Conocido como "la puerta del olvido", representa tanto el destino final como el recuerdo perdurable de aquellos que no tuvieron acceso a los cementerios principales. También evoca un significado afectivo y nostálgico, especialmente entre generaciones que lo recuerdan como un lugar asociado con un parque de diversiones para niños y con momentos de alegría en el pasado.
