Contexto Histórico
Mediante el Acuerdo del 10 de mayo de 1872 se aprobó la compra de una casa que era propiedad de Fernando Ramírez para destinarla como escuela de enseñanza primaria para niñas. Era un local de tapia y teja de barro, localizado en la Plaza de Bolívar (hoy Parque Epifanio Mejía), en el mismo lugar donde actualmente se encuentra la Escuela Rosenda Torres.

En ese punto se inició la construcción del plantel, no sin antes haber solicitado la Corporación Municipal, ese mismo año, al obispo de la Diócesis de Medellín y de Antioquia, Valerio Antonio Jiménez, su autorización para que la Parroquia de La Merced cediera, con ese destino, al municipio, una franja de terreno localizada al lado derecho del templo. El obispo respondió favorablemente.
Cuatro años más tarde, debido a los conflictos civiles que vivía el Estado, el Concejo Municipal acordó que los edificios de las escuelas públicas podrían ser destinados a cualquier servicio que la situación de guerra hiciera necesario. El local fue prestado para que sirviera como cuartel de las fuerzas armadas, uso que tuvo hasta el 2 de octubre del año siguiente, cuando el Concejo cambió su destinación.
Como el orden público se mantuvo alterado durante el último cuarto del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, repetidamente estas instalaciones fueron utilizadas como sede de guarniciones militares. Esto causó un serio deterioro en la edificación, que quedó completamente arruinada tras la ocupación del ejército en la Guerra de los Mil Días.
El artículo 5 de la Ordenanza 10 del 8 de mayo de 1903 había dispuesto que los locales de las escuelas deterioradas por causa de la guerra fueran refaccionados por cuenta del departamento, por lo que se acordó que las obras ayudarían a reconstruir la escuela. Inicialmente, se procedió a hacer costosas reparaciones.
Siendo presidente del Concejo el doctor Pedro Pablo Betancourt, se aprobó el Acuerdo 24 del 18 de diciembre de 1903, que declaraba la reconstrucción del edificio donde funcionaba la Escuela Urbana de Niñas, para que sirviera como sede de las oficinas del gobierno municipal. Sin embargo, el edificio nunca llegó a tener el destino propuesto y siempre permaneció como Escuela de Niñas. Por eso, los acuerdos aprobados en 1905 y años siguientes volvieron a mencionar que el local sería para uso de la instrucción pública.
En 1905, la escuela tenía 185 alumnas. Cada año se fueron haciendo ajustes e intervenciones en la infraestructura del edificio hasta que, en 1923, el Concejo consideró que el edificio debía seguir siendo usado como escuela, pero, debido a sus condiciones higiénicas y pedagógicas deficientes, facultó al personero para solicitar a la Junta Departamental de Instrucción Pública un plano moderno para el nuevo edificio. Así nació la Escuela Modelo.
Fue entonces cuando Agustín Goovaerts (Bélgica, 1885-1940), quien tenía un contrato vigente desde 1920 con la Gobernación de Antioquia, se encargó de los diseños arquitectónicos. Mientras se realizaba la construcción, la escuela fue trasladada a un local que el gobierno municipal había tomado en arriendo por la suma de 15 pesos mensuales. Este lugar estaba ubicado en la Carrera Sucre (actual Carrera 21).
La construcción del nuevo edificio, que hoy alberga la Escuela Rosenda Torres, comenzó en 1924 y estuvo completamente terminada en 1926. Tiempo después, la institución recibió el nombre que lleva en la actualidad, en honor a la educadora Rosenda Torres, nacida en Cáceres, pero que desde muy pequeña se radicó en Yarumal.
Mediante el Acuerdo 024 del 23 de noviembre de 1998, se declaró este edificio como patrimonio invaluable de carácter histórico, cultural y arquitectónico.
Valor Estético
El edificio, diseñado por el arquitecto belga Agustín Goovaerts, representa un hito arquitectónico en Yarumal. Su construcción en la década de 1920 responde a los cánones de la arquitectura republicana, caracterizada por el uso de materiales duraderos, simetría en las fachadas y una estructura sólida que aún se mantiene en pie. La edificación se distingue por su estilo sobrio y funcional, con detalles ornamentales que reflejan el carácter de la época. Su estética, además de aportar belleza al entorno urbano, evidencia una transición entre la arquitectura colonial y las influencias europeas que marcaron el desarrollo arquitectónico de Antioquia en el siglo XX.

Valor Histórico
La historia del edificio refleja la evolución de Yarumal como municipio y su papel en el contexto educativo y político de Colombia. Su origen se remonta a 1872, cuando fue adquirido para la enseñanza primaria de niñas, lo que ya de por sí constituye un hito, pues en el siglo XIX la educación femenina aún enfrentaba muchas barreras. Desde su construcción inicial en la Plaza de Bolívar (actual Parque Epifanio Mejía), el inmueble fue un referente del acceso a la educación en un momento en que la instrucción pública apenas se consolidaba en el país.
Sin embargo, su historia no fue lineal. La inestabilidad política y los conflictos armados en el siglo XIX y principios del siglo XX afectaron directamente el uso del edificio. Durante la Guerra de los Mil Días (1899-1902), una de las confrontaciones más devastadoras en la historia de Colombia, el inmueble fue utilizado como cuartel militar por las fuerzas armadas, lo que resultó en su deterioro casi total. Este hecho no solo es relevante desde el punto de vista material, sino que también demuestra cómo la guerra transformó los espacios públicos en escenarios de confrontación, afectando la vida cotidiana y el desarrollo social de Yarumal.
A pesar de esto, en 1903 se promovió su reconstrucción, lo que evidencia el interés de la comunidad por recuperar su función educativa y no dejar que la violencia definiera su destino. Aunque en un principio se contempló su uso como sede del gobierno municipal, finalmente se reafirmó su vocación pedagógica, demostrando que la educación era una prioridad para la sociedad yarumaleña.
Con el diseño del arquitecto belga Agustín Goovaerts en 1923 y su construcción en 1924-1926, el edificio se transformó en la Escuela Modelo, un hito dentro del proceso de modernización de la infraestructura educativa en Antioquia. Su preservación a lo largo del tiempo es testimonio de la resiliencia del pueblo de Yarumal frente a los cambios políticos y sociales, así como de su compromiso con la educación como herramienta de desarrollo. Finalmente, en 1998, fue declarado patrimonio invaluable de carácter histórico, cultural y arquitectónico, lo que refuerza su importancia dentro del proceso de salvaguardia del legado del municipio.

Valor Simbólico
El edificio de la Escuela Rosenda Torres es más que un conjunto de paredes y techos; es un símbolo de la educación, la memoria histórica y la identidad de Yarumal. Desde sus inicios, representó un avance en la inclusión educativa de las niñas en una sociedad donde la enseñanza estaba mayormente orientada a los hombres. Fue un espacio que permitió la formación de generaciones de mujeres, muchas de las cuales contribuyeron al desarrollo de la comunidad en distintos ámbitos.
Por otro lado, su historia como cuartel militar durante los conflictos armados le otorga un significado dual: por un lado, representa el conocimiento, el aprendizaje y la formación de valores ciudadanos; por otro, recuerda los momentos en los que la violencia interrumpió la vida cotidiana del municipio. La ocupación militar del edificio es un reflejo de cómo la guerra dejó huellas en la infraestructura y en la memoria de la comunidad, marcando a generaciones que crecieron en un contexto de inestabilidad.
El hecho de que la escuela haya resistido los embates de la historia y se haya mantenido fiel a su propósito original refuerza su valor como símbolo de la persistencia del pueblo yarumaleño. La decisión de llamarla Escuela Rosenda Torres fortalece aún más este aspecto simbólico, pues honra la memoria de una educadora que dejó una huella en la formación de la juventud. De esta manera, la institución no solo es un espacio físico de aprendizaje, sino también un monumento vivo que encarna el esfuerzo colectivo por garantizar la educación y preservar la memoria histórica de la región.
El reconocimiento del edificio como patrimonio en 1998 no solo protege su estructura, sino que también ratifica su valor simbólico para las generaciones presentes y futuras. Es un recordatorio de la importancia de la educación en la construcción de una sociedad y de cómo la historia de un pueblo se encuentra grabada en sus edificaciones.


